jueves, 6 de diciembre de 2007

Aunque parezca increíble...

Aunque parezca increible, hace bien poco descubí que las personas, pese a todos los años que han pasado en este mundo, siguen deparando sorpresas.
Una de esas sorpresas es que, a pesar de estar en el siglo XXI, el siglo de la igualdad entre sexos, el siglo y el tiempo en el que tanas mujeres han deseado vivir, con sus merecidos derechos cumpliendose, con los sueldos igualitarios, con empleos en puestos de trabajo antes propiamente masculinos, con la decisión de querer o no querer tener niños, con la píldora anticonceptiva al alcance de cualquiera, con la misma educación (y en algunos casos superior) que los hombres, con un autocontrol en su vida, con los mismos derechos y obligaciones... o al menos eso nos hacen creer... a pesar de ello, la mujer sigue estando en inferioridad de condiciones. Pese a todos los supuestos anteriores.
Constitucionalmente (dado que hoy es el dia de la contitución española y esas cosas) la mujer tiene los mismos derechos que los hombres. Pero, ¿culturalmente siguen siendo iguales?
Hace poco descubrí, ante mi asombro, que no. La mujer, en muchas ocasiones y por motivos de educación, sigue siendo inferior, sigue viviendo en los años de postguerra donde no se podía ver con el novio si no iba acompañada de una amiga o familiar por aquello que pudieran pesar los demas, donde tenía que estar sujeta al padre y, cuando se casase, al marido, donde era una excentricidad que estudiase una carrera, donde tenía que estar recluída en casa cuidando del marido y a expensas de lo que él quisiera. La mujer sigue estando recluída, sigue siendo prisionera. La mujer sigue teniendo que sacrificarse por los hijos, por la familia, y si no se sacrifica la descalifican como persona. Tiene que saer estar en todo momento, tiene que ser inteligente, lista... pero sin pasarse porque si lo es más que el marido, éste se siente, de alguna manera incomprensible, humillado. Tiene que dedicarse a su casa y, a parte de trabajar fuera de ella, tiene que trabajar dentro de ella... y en el caso de ostentar siquiera a quejarse, se la trata de "blandengue".
Una mujer no puede pasarse una noche fuera de su casa, divirtiendose, por el miedo al que dirán, a que pensaran los vecinos cuando la vean llegar a las 8 de la mañana a su casa. Y ya que decir si, por algún casual, ha cogido alguna borrachera.
A un hombre se le consiente.
Sigue habiendo discriminación de sexos. Sigue habiendo calificaciones como puta. Sigue habiendo motivos por el que la mujer tiene que ser imperfecta.

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